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PROYECTO: LA HISPANIDAD Y EL BARROCO |
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| ESTE DOCUMENTO ES UN ANTEPROYECTO DE INVESTIGACION
QUE REFLEXIONA SOBRE EL BARROCO, LO BARROCO Y LA HISPANIDAD, FUNDAMENTALMENTE
DESDE DOS PERSPECTIVAS: LA ESPAÑOLA Y LA MEXICANA. LA FORMALIZACIÒN
DE SUS RESULTADOS ES UNA EXPOSICIÓN DE ARTE CONTEMPORÁNEO. |
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| El proyecto que presentamos aquí, trata sobre el barroco,
la idea de lo barroco y su relación con la idea de hispanidad. El
tema, amplio y de compleja comprensión, exige ser investigado y encauzado
desde un determinado punto de vista que ofrezca una nueva lectura y resuelva
su correcta visualización, que queremos realizar desde el ámbito
del arte contemporáneo. Nuestro punto de partida es la constatación
de la permanencia de ciertos "tics" barrocos en las culturas que
se han dado en llamar "hispanas" tanto en lo que refiere a sus
discursos identitivos y a sus programas de representación, como también
a sus políticas socioculturales. Dada la complejidad, variedad y
extensión de lo hispano, y con el objetivo claro de no tratar de
establecer discursos generalistas sino lugares comunes, hemos decidido acotar
la investigación a España y México. Aprovechando las particularidades comunicativas de la creación contemporánea, queremos provocar una reflexión crítica sobre lo barroco como vehículo, soporte e interficie diseñados para aglomerar formas y caracteres de la hispanidad, y viceversa, analizar si la hispanidad que hemos querido puede desligarse del carácter barroco. Para asegurar el carácter multilateral de la propuesta y respondiendo a la complejidad del objeto de análisis, este proyecto se plantea desde la cooperación entre distintas instituciones museísticas, tanto en diversas comunidades autónomas de la península como en México, que actuarían a modo de productoras y exhibidoras de un proyecto conjunto. El formato final de la investigación se resume en una exposición de arte contemporáneo que rechaza los modelos expositivos jerárquicos: en primer lugar, no va a presentar piezas diferenciadas de diversos artistas ni va a recurrir a piezas históricas, sino que se presentará en forma de pieza única realizada entre varios creadores. En segundo lugar, el proceso de producción será un proceso en red cuya horizontalidad se basa en el intercambio constante entre creadores, comisarios, teóricos, montadores y responsables museísticos. En tercer lugar, la obra se realizará específicamente para el proyecto. Por último, se contemplan, además del formato expositivo, la publicación de un DVD y/o un libro que recojan tanto la pieza realizada como todas las reflexiones concluidas y documentación relacionada. Eventualmente, y acompañando a algunas de las exposiciones, sería adecuado la presentación de un ciclo de conferencias o debates que abunden en el carácter de reflexión del proyecto. |
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| I. | Conceptos: | |
El problema de definir la hispanidad y el barroco Vincular la hispanidad y el barroco puede parecer, en un principio, un ejercicio apriorístico de imponer una manera de leer ambas cuestiones. Ciertamente eso supondría seguir contaminando el debate desde un inicio, como habitualmente ha ocurrido. Sin embargo, existen una serie de elementos que, al analizarlos de cerca y con los matices que la historia y sus actores han aportado, pueden redefinir la utilidad de hablar de la hispanidad desde ciertos lugares "barrocos". De ellos hablamos en este informe. Los defensores de la hispanidad han tendido a ver el barroco como una especie de lenguaje natural de lo hispano, mientras sus críticos han creído detectar en el barroco su obsolescencia. Así, la definición de ambos conceptos ha de ser buscada en la construcción paulatina de sus significados a lo largo del tiempo. En un principio será necesario acotar y definir la "época barroca". No es lo mismo el barroco italiano que el alemán o el holandés. Ni tampoco puede compararse el barroco español o portugués con el mexicano, el peruano o el brasileño. En la propia península ibérica, el barroco no llegó a arraigar de la misma manera en una zonas o en otras. De hecho, ni siquiera es del todo iluminador fijar en el Barroco italiano la fuente original de todo este entorno, como la historiografía clásica ha hecho. Y no lo es, porque al usar el término barroco podemos referirnos tanto al estilo artístico y literario que fue imponiéndose desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVIII en Europa y en sus colonias, como a una forma de nombrar una cierta forma social, política, cultural, imaginal o científica de hacer y de pensar, que se visualizó con claridad durante aquellos siglos. Algunas de esas formas conformaron el origen del imaginario actual de muchas sociedades latinas. Así pues, hay que distinguir de entrada entre el barroco y lo barroco. Las nociones de hispanidad y de barroco no son en absoluto originales de las épocas a las que se asocian. Se formaron mucho después. El concepto de hispanidad nace entre los intelectuales españoles (y algunos hispanoamericanos) a la sombra del proceso de independencia de las colonias americanas en el siglo XIX. Su plena visualización acabó formulándose entorno a la generación de 1898. A su vez, la idea de barroco nace en ciertas conciencias historiográficas del norte de Europa a finales del siglo XIX, cuando creen descubrir, entre el período renacentista y el ilustrado, un tiempo sociocultural con características propias, y aún más, duraderas. Aquellos académicos terminaron definiendo las formas del imaginario del siglo XVII, que acabaron por denominar barroco. Con el tiempo, el concepto de "el barroco" se ha ampliado a consideraciones de carácter cultural ("lo barroco") que se extienden más allá de la época histórica en la que el estilo surgió, aplicándose a procesos y actitudes de nuestra época moderna. Hoy, la política, la cultura, o ciertos comportamientos sociales o individuales pueden recibir el adjetivo de "barrocos", a modo de categoría que intenta subrayar causas y efectos específicos. Este ha sido un debate bien presente -casi siempre interesado- desde finales de los años 80, durante la llamada posmodernidad. La construcción de la hispanidad Las cuestiones que aquí presentamos tratan fundamentalmente de España y de Latinoamérica (de México, en particular), aunque muchos otros espacios del mundo vengan a menudo a colación. La diferencia de percepciones que se tiene de la hispanidad y el barroco es directamente proporcional a las diferencias sociales, culturales e históricas, como al distinto grado de asimilación de lo español. No se sabe lo que es la hispanidad. Algunos piensan que es una falacia, otros piensan que es un éxito, pero la hispanidad se ha impuesto por sí misma, al existir sin que haya podido ser realmente pensada. En la persecución que unos y otros han hecho de la naturaleza de la hispanidad, ésta ha salido reforzada en su propia impenetrabilidad. Para unos, lo difícil de pensarla ha sido el resultado del secuestro de su debate; para otros, es la consecuencia de una evidencia: que la hispanidad "se vive, no se piensa", que cada pueblo hispánico "vive" a su manera una forma de ser común. La hispanidad se ha construido conceptualmente a través de cinco pivotes: - La lengua común, que iría en el curso del tiempo moldeando unas formas similares entre la gente que la hablara, y que ha servido de "hecho consumado" a los hispanófilos para aseverar la innegable existencia de una identidad común. - Los apellidos de origen español. La herencia de la sangre es considerada una garantía irrebatible del hecho hispano, tanto para defenderlo como para denigrarlo. - La religión católica. La influencia de las políticas eclesiásticas en los países hispanos, con sus lenguajes barrocos y espectaculares, ha acabado por definir, en propios y extraños, en defensores y contrarios, una marca identitaria propia de la hispanidad. - Un destino histórico colectivo. El cuarto eje gira entorno a una circunstancia emocional. El profundo sentimiento de que los destinos de España están vinculados a los de América. Se trata de una sensación de destino histórico colectivo, que muchos identifican como la esencia misma de la hispanidad, como una especie de destino manifiesto, y que, para numerosos críticos de la hispanidad, se manifiesta plenamente en la idea del fracaso compartido, algo que está cambiando con la progresiva entrada de España en el club de los países ricos. - Un sabor natural. Pero aún en el sentimiento de "derrota", la hispanidad se ha otorgado una cualidad especial, un savoir faire, que constituye su último quinto gran pivote: colorea las calles, pone banda musical a la vida, llena de pasión el día a día y justifica, en la risa y en el alegre individualismo, los excesos y carencias del sistema que ha edificado. El barroco como vehículo de la hispanidad Estos elementos, lengua, sangre, Dios, destino y espíritu, terminan definiendo un sistema de valores hispánicos, que encuentran en los estilos barrocos el vehículo idóneo para su propagación y reforzamiento. Entre acantos, tímpanos y florituras lingüísticas, la hispanidad se ha construido mediante un lenguaje que tiene algo de orgánico, casi botánico: árboles (genealógicos), ramas (de conocimiento), raíces (en el caso de América Latina). La hispanidad se presenta como una fina red de conceptos orgánicos y espirituales, nada mensurable ni objetivamente cuantificable: una especie de membrana esponjosa e inasible. Los conceptos ajenos a la hispanidad, al atravesar por esta membrana, pueden ser trastocados, subvertidos e incluso integrados sin modificarse y a la vez sin modificar la hispanidad, lo cual nos lleva a encontrar un portentoso acto de ilusionismo "donde todo cambia para que no cambie nada". Es esa abstracción elástica y adherente la que ha sido aprovechada por España para vender unos valores de universalidad de manera perseverante. Por su parte, quienes han detentado el poder en las sociedades americanas han ninguneado o exaltado la hispanidad a su antojo a fin de consolidar determinadas identidades "propias", con el resultado de negar las ya existentes, algunas de ellas muy anteriores a la hispanidad, otras producto de las prácticas diarias y las hibridaciones cotidianas. Así, apreciamos diferencias entre los estilos barrocos dentro y fuera de España, pero que intrínsecamente portan el mismo sistema de valores hispanos a uno y otro lado del hemisferio. El barroco es a la hispanidad lo que el muñeco a un ventrílocuo. ¿Quién hace hablar a quién? ¿es posible pensar la hispanidad y sus efectos sin el lenguaje barroco que los legitimó? ¿es posible leer este barroco sin la significación que le da la hispanidad? ¿por qué el barroco que se produjo en áreas no hispánicas no constituyó jamás un modelo histórico a seguir? Estas son algunas de las perspectivas de las que parte esta exposición. Profundicemos por un momento en ellas, porque representan el fondo político en el que quiere reflejarse este proyecto. Un problema fácilmente reconocible es la propia percepción de la hispanidad y el barroco en el Estado español. Más que la hispanidad, en España se dirime la españolidad. Para algunos la españolidad es la esencia que mantiene unido al conglomerado, legitimada habitualmente por haberse convertido en el encaje de bolillos necesario para sostener un Estado, el español, que nunca fue capaz de resolver sus nociones identitarias y que, en lugar de ello, construye la membrana conceptual para dar coherencia a las contradicciones, dejando así las puertas cerradas en falso. Este discurso, a la vez "negociador" y "esencialista", es identificado por muchas comunidades no castellanas de España como problemática. Para éstas, la "casa española" no está bien construida ya desde los cimientos. La hispanidad es leída por los nacionalismos no españolistas como un elemento negociador, pero a la vez enormemente perturbador al plantearse como un hecho consumado. Hablar de la hispanidad supondrá pues identificar el origen de cada actor, sus posiciones e interpretaciones, ya que las miradas sobre la cuestión son del todo diversas. Este proyecto de exhibición no busca tan sólo mostrar, representar o interpretar los orígenes de la hispanidad y el barroco, aunque los tenga presentes. El interés central es reconstruir los contenidos, y los intereses con los que se han rellenado esos términos desde el momento en que se comenzó a "pensar" en ellos. El lastre del barroco en las sociedades hispánicas Las sociedades latinas o hispánicas (España o México) viven en constante deuda con su pasado barroco. Los diferentes proyectos de modernidad que se han intentado establecer durante los siglos XIX y XX se han acabado confundiendo en el espeso poso barroco. Los proyectos de la Ilustración, de la vanguardia, no pudieron ejecutarse con éxito dado que las condiciones sociales, económicas y culturales necesarias para que pudieran prevalecer chocaron de frente con la enorme fuerza de "nuestra identidad", fijada profundamente en las diversas psicologías nacionales. Parecía, pues, que cualquier proyecto de modernidad, por muy autóctono que fuera, era incompatible con la orgullosa concepción de una manera de ser. Una forma de vida a la que nadie se le ocurriría cuestionar ya que, en la práctica, es lo único que parece quedar. Una marca de identidad hispana y barroca, que finalmente se convierte en una carta de naturaleza internacional. México y España venden el barroco como imagen turistizada de sus culturas, tanto dentro como fuera, porque también en la percepción de los demás pueblos ha quedado ese trasfondo inamovible cuando piensan en las sociedades hispanas. Por tanto, el barroco parece ser lo que único que es posible vender "con conocimiento de causa"; una marca que los demás quieren comprar, seguros de no acabar defraudados. ¿Qué tipo de procesos nos han llevado a semejante situación? ¿Y qué podemos hacer para visualizarlos desde la creación contemporánea y proponer así un debate público y abierto? ¿Es posible construir otras marcas de identidad desde perspectivas no barrocas? Para muchos europeos de tradición protestante, el barroco latino ha representado la antítesis de los proyectos ilustrados y de la modernidad. El barroco, en oposición a la Ilustración, ha sido concebido como un modelo social anclado en la religión, en la superstición, en el ilusionismo y en la incapacidad de formular un racionalismo político de amplia base social. Pero, ¿qué percepción tienen quienes viven en esas sociedades así categorizadas como barrocas? ¿cómo se sustraen a la viscosidad que rodea toda reflexión sobre lo barroco? Como hemos apuntado antes, hablamos de las sociedades barrocas como membranas esponjosas y adherentes que hacen posible el control de las herejías y de los cambios sociales y políticos, mediante un proyecto totalizador, en el que contrastan la represión con la integración. ¿Es este sistema de amalgama el que provoca que nuestras sociedades tengan miedo de enfrentarse a sí mismas y a sus fantasmas? Esta exposición quiere hacer posible este debate. Por su parte, durante las últimas décadas, España se ha concedido la tarea de superar el anquilosamiento que "lo barroco" genera en sus estructuras sociales y políticas. Ese ejercicio no es baladí, pues supone el primer gran esfuerzo en subvertir una condición prefijada desde la época barroca: el divorcio entre cultura y sociedad. En España el barroco es interpretado como la era del desastre social, pero al mismo tiempo como la cumbre de la producción cultural, materializada en el Siglo de Oro. La progresiva modernización de España desde el franquismo ha supuesto una cierta superación de ese complejo de fracaso histórico, pero ello no ha venido acompañado de una renovación de los imaginarios culturales, que siguen siendo plenamente barrocos, hasta el punto de haberse convertido en los parámetros centrales de la política artística e institucional. Sin embargo, no queremos proponer únicamente una lectura distanciada y académica de estas cuestiones. La exposición que aquí presentamos se pregunta también por lugares mucho más comunes: ¿Por qué, cuando preguntamos a un mexicano cual es la parte más bonita de su ciudad, siempre contesta que es la zona colonial? ¿Por qué la legitimación oficial e institucional de los artistas contemporáneos en España sólo puede venir de la mano del adjetivo "barroco"? ¿A qué se debe que la política cultural del estado español contemple únicamente el barroco como marca de exportación? ¿Por qué una enorme cantidad de festivales culturales latinoamericanos tienen la coletilla del "barroco"? En la actualidad el barroco sigue constituyendo el referente más directo en los países latinos a la hora de legitimar nociones de belleza, transculturación, lenguaje expresivo, identidad urbana, relaciones políticas, religión, etc.. |
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| II. | El barroco desde el arte contemporáneo | |
| Es precisamente debido a estas consideraciones en el debate del espíritu barroco, que el terreno del arte se presenta como un perfecto espejo que refleja todas las contradicciones y paradojas resultantes. El barroco se ha definido en un terreno concreto: el terreno de la producción artística. Las más altas cotas en el discurso cultural barroco se han dado en las artes, mientras que las ciencias, la política o la educación parecían quedar relegadas principalmente a ámbitos ideológicos ilustrados. Acercarse al barroco desde la producción artística representa un doble reto: deconstruir el espacio creativo de la rémora de su barroquización y ofrecer desde esa misma deconstrucción un nuevo modelo de reflexión sobre la cultura. La exposición que aquí planteamos quiere proponer un ejercicio audiovisual, que supere las formas tradicionalmente "barrocas" de aproximación al tema que se dan en el arte contemporáneo. Esta exposición no celebra las formas barrocas; las critica y desea superarlas. Este proyecto defiende firmemente la idea de que, por mucha altura que la producción barroca histórica haya alcanzado, en la actualidad ésta representa un lastre para activar nuevos mecanismos de representación y pensamiento capaces de presentar la compleja actualidad de nuestras sociedades. Por otro lado, la exposición quiere proyectar la idea de que los modelos de percepción que tradicionalmente han sido trasladados al espectador por parte de las instituciones artísticas y educativas como los idóneos para percibir fenómenos estéticos, pueden ser transformados positivamente para conseguir una relación crítica y fluida entre productores y receptores. Este proyecto rechaza el fetiche histórico como forma de reflexión sobre lo barroco. No se trata de una exposición historicista, sino de una reflexión desde la creación contemporánea. La exposición no busca meramente intentar crear puentes relacionales entre lo barroco de nuestros días y los orígenes del barroco o de la hispanidad, sino que pretende hacer una crítica de fondo sobre los modelos barrocos de la creación actual y sobre la legitimación barroquizante de la cultura, tal y cómo se entiende en los países hispanos. El formato de la exposición será fundamentalmente audiovisual y cinemático -cine, video, audio, animación-, cosido de manera que la narración consiga una visualidad panorámica y vinculante. Dependiendo del espacio expositivo final, la muestra podrá desplegarse en un espacio físico unitario o mediante un diseño longitudinal por las diversas salas a la manera de un libro, cuyas páginas no pueden desligarse de las ya leídas. Al mismo tiempo, los creadores que realizarán el proyecto proceden de ámbitos distintos, de disciplinas cruzadas y de orígenes geográficos y culturales diferentes, con el objetivo de que la lectura final que se ofrezca tenga suficientes matices y perspectivas para responder a una cuestión tan acrisolada como es la de analizar las sociedades barrocas e "hispanas". La exposición pretende, asimismo, reflexionar críticamente sobre los modelos expositivos actuales y sobre el negativo carácter formalista de los mismos. Como formalismo entendemos la priorización de un discurso secretista en el espectador. El discurso secretista de la autoría ha ejercido un papel esencial en la disociación entre público (pasivo) y autor (activo). En un mundo de relaciones estéticas perceptivas, más que creativas, se hace perentoria una formulación expositiva en la que el espectador no pierda el tiempo adivinando el "secreto" de cada obra, sino que a partir de la comprensión del mensaje, se encuentre en situación de juzgar libremente la idoneidad, calidad o propiedad de su factura, a la vez que atisbe la estética o profundidad de su propia interpretación como espectador. El espectador no debe preguntarse "cómo se ha hecho", sino que se desea que reflexione sobre su propio papel como actor esencial en la narración que se despliega. El cómo y el qué van en un paquete conjunto, imposible de desligarse. Una crítica a esos modelos expositivos imperantes en el actual discurso museístico ha de venir de la mano de un cuestionamiento de la jerarquización tanto del proceso de producción, como de las figuras que en él toman parte. En este sentido, se ofrecen tres fórmulas: 1- Por un lado, la exposición no presenta piezas diferenciadas de diversos artistas, sino que se ofrece al espectador una única pieza realizada por varios artistas. Este es un modelo que ya ha sido practicado recientemente con resultados muy positivos (El corazón de las tinieblas, Palau de la Virreina, Barcelona, 2002; y Centro Atlántico de Arte Moderno, Las Palmas, 2003). Los creadores invitados se ponen a trabajar en una idea común, que necesariamente emborrona los límites de la autoría y del "espacio propio" en aras a transformarlos en agentes colectivos de una narración. Una vez queda establecido el guión general de la exposición, tras numerosos diálogos y encuentros, cada artista desarrolla su sección, sin perder de vista el aspecto relacional de los contenidos de las secciones. Por ello, a menudo, los artistas están obligados a intervenir, sugerir y discutir las secciones desarrolladas por otros artistas. 2- El proceso de producción se define por ser de total colaboración e intercambio entre artistas, comisarios, montadores, diseñadores y responsables museísticos. Este es un modelo de actuación que intenta superar las tradicionales fases de producción de una exposición: del comisario al artista, del taller al equipo de diseño de montaje. Al integrar todos los agentes en el proyecto desde un principio, se asegura una plena operatividad en la producción así como se asegura una simbiosis real en el discurso final que se ofrece en la exposición. En ese sentido, se buscará una fórmula de producción basada en la gestión independiente para asegurar la viabilidad del proyecto a través de las diversas instituciones participantes. 3- Romper la jerarquización de los modelos expositivos formalistas no puede realizarse sin constatar que tanto en España como en México las infraestructuras públicas de ayuda a la producción de arte contemporáneo son pobres. Ante esa situación, el modelo expositivo que proponemos es de "producción directa". Los artistas no exponen obra ya realizada, sino que realizan obras específicas para el proyecto, financiadas institucionalmente. De esta manera, se pretende vincular a las instituciones museísticas en un compromiso real con la producción de base, posibilitando la realización de las obras de la exposición y garantizando un reconocimiento real del papel de los artistas en las políticas museísticas. En España, por ejemplo, sólo el 5% (de media) del presupuesto de una exposición en un museo está destinado a cubrir los gastos de producción y de honorarios de los artistas. Con el modelo que aquí se propone, se busca cambiar radicalmente esa situación, sin que tampoco suponga un gasto adicional a las entidades exhibidoras. Creemos del todo necesario adoptar unos modelos narrativos y alegóricos, algunos de los cuales no son del todo extraños a aquellos categorizados como barrocos. Una de las premisas fundamentales a la hora de dirigirnos al público de una exposición, es la necesidad de ofrecer códigos de interpretación que no sean del todo ajenos a los que habitualmente maneja la gente. La mayor o menor capacidad de un narrador de infiltrarse en los códigos habituales de lectura expositiva puede significar una mayor o menor respuesta interpretativa por parte del espectador. Adentrarse en el trasfondo imaginario de la gente supone afrontar el reto de utilizar algunos sistemas de representación, en este caso barrocos, para crear conciencia real de su uso, de sus posibilidades y de sus limitaciones. En este sentido, este proyecto de exposición asume plenamente que en el ámbito artístico no puede haber política sin poética, ni viceversa: el cómo y el qué son inextricablemente interdependientes. Además, la capacidad de visualización "diferencial" que promueve el contexto artístico -en este caso, las salas de un museo- deben servir para difundir la idea de que es posible un arte de vanguardia asentado en los efectos reales que crean las estructuras y construcciones históricas en las vidas de las personas; y que, además, se trata de un arte que apuesta por signos estéticos flexibles, cuya novedad no reside en su elitismo o hermetismo sino en la activación de aquellas realidades que la gran mayoría social considera irrepresentables. |
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| III. | Participantes | |
Nuria Arias Tere Badia David Blanco Edgar Clement Pep Dardanya Jorge Luis Marzo Pedro G.Romero Claudio Zulian |
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| IV. | Instituciones colaboradoras | |
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